Obsesión
16 diciembre 2010
No he visto título más certero para definir cómo me siento en estos momentos. La segunda revisión: bien, incluso, el oncólogo que me trata, me ha pedido que me haga solo una analítica de sangre cuando acuda, de nuevo, en marzo, a su consulta. Así que nada de mamografías o radiografías por el momento.
Sí fue el pasado 15, coincidiendo con mi santo, Santa Teresa de Jesús, y, si bien, estoy alejada de la iglesia católica, (a pesar de que durante ocho años estudié en un colegio de monjas), la religiosa carmelita de la cual llevo su nombre, siempre me ha resultado interesante. Reformadora, escritora y erudita, a buen seguro que de tocarle vivir durante estos tiempos, no habría pasado de puntillas.
Pues a lo que iba, que llegué nerviosísima y pensando en lo peor. Me preguntó cómo estaba, y una que está a la que salta, pensé que se trataba de un comentario cínico que sinceramente sobraba. Mi respuesta fue: digameló usted. Y sonriendo, me dijo que todo estaba correcto, o sea que nada de nada. Después de que me palpara los dos pechos y el vientre, la exploración normal en estos casos, me dio un consejo: olvidaté de la enfermedad y disfruta de la vida.
Y es que, no puedo. No hay un día en el que no piense en lo mismo. Qué hacer si hay recaída, qué puedo hacer? Admito que no es algo que me obsesione aún, pero va bastante encaminado. ¿Es normal pensar así? Mi cabeza, a veces, es un hervidero. Intento despejar mis fantasmas con sentido común pero me cuesta. Por lo demás, una casa en reformas y con la cocina prácticamente vacía, a espera de unos muebles que nunca llegan. El trabajo y mis amigos, me lo hacen más llevadero.
El título alude a la película Ossessione. (1943), de Luchino Visconti.
