El marido de la peluquera
23 diciembre 2009
En este afán por poner nombres de películas a mis post (mi cinefilia me delata), creo que el título ‘El marido de la peluquera’, puede dar el pego en esta ocasión (no crean que no es complicado a veces encontrar el que más se adecúe a lo que me interesa contar), aún así no desfallezco, y aquí estoy dándoles vueltas al majín. Esta vez, lo reconozco, ha sido facil.
Verán, ayer tenía cita con mi peluquera (no con el marido, tiene novio), para raparme el pelo. Ya ven, algo por lo que tenemos que pasar algunos de nosotros cuando comenzamos con la quimio. Ya sé que algunos dirán que no hay porqué rapárselo. -A veces no se cae. (En mi caso, se cae. Los fármacos que me administran, una combinación de Adriamicina y Ciclofosfamida, lo que vulgarmente se conoce como AC, tienen la culpa).
-Se te comenzará a caer a los catorce días. Y contando he estado desde que me puse la primera dosis.-No puedo verme como se empiezan a caer los mechones. Así que me dije: -Me lo rapo. Mientras,mi familia presionaba para que no lo hiciera y yo, en un mar de dudas. Verme con la cabeza rapada no me gusta nada. Detesto recordar a los pocos prisioneros que fueron liberados de los campos nazis, famélicos y sin pelo, una imagen que se me viene a la cabeza más de una vez.
Venció mis temores, y al salir de la peluquería, mi pelo seguía conmigo. Más cortito eso sí. Hoy, se cumple el fatídico día 14, y me siguen acompañando. Probablemente en estos próximos, se caiga. Será una amarga espera.
