Los gritos del silencio
19 diciembre 2009
El silencio puede llegar a convertirse en una losa dura y fría. Algo aterrador, paralizante. La calma que precede a la tempestad, podría ser. Tras una semana atronadora, de citas, encargos y ocupaciones varias, este sábado, me ha devuelto viejos fantasmas adormecidos. La inactividad, a veces, se convierte en muy mala consejera. Quedarse en el sofá, viendo la televisión, el fin de semana, acobarda a cualquiera. Y entonces, la mente parece trabajar más deprisa. Emociones, recuerdos, temores… se atropellan unos a otros, mientras una intenta, sin resultados satisfactorios, encontrar una vía de escape para acabar con tal procesión. Hoy, me ha cogido baja de defensas. Y no me refiero a los hematíes, de esos, todavía estoy bien surtida, por ahora. En el silencio de la noche, mi alma grita, se rebela, aunque espero coger las riendas y que no se desboque.
