Cara a cara
21 enero 2010
Me ha costado trabajo encontrar un título para este post. Al final me he decantado por una de Bergman. El director sueco plasmó la fragilidad humana como pocos. Estando en quimioterapia, frente a frente (no tenemos boxes separadores), las miradas se cruzan sin timidez alguna, de forma desnuda. Plantan su rostro en el tuyo, al principio, casi de soslayo, luego, al paso de los minutos, ya hay poco que enmascarar. Y, en mi caso, la verdad aparece desnuda, casi cruel a veces. Pocos son los que ocultan su miedo, porque tener cáncer es acojonante sin duda. Lo sabemos todos los que lo padecemos. Se intenta sobrellevar pero cuesta. Entrar en la sala de quimio es pertubador, el sillíon gris para soportar mejor el mal trago de un pinchazo mal dado, un líquido intravenoso que a veces duele, y lo amargo de contemplar como pasan las horas pues es la única opción que te queda si quieres superar la enfermedad. Así me lo planteo y con este ánimo me enfrento a la máquina, pero a veces, la realidad es dura. Ayer, precisamente, una chica lo pasó francamente mal durante la sesión. Y mientras médico y enfermeros se afanaban en atenderla, yo miré al resto. Algunos seguían leyendo, pero sus rostros no podían disimular la sensación de estar en la cuerda floja…¿me pasará a mí?
