Hairspray
29 diciembre 2009
Tenía dos opciones: titular el post con una de mis pelis preferidas: ‘Hair’, o bien con ‘Hairspray’, la que filmó el irreverente John Waters. Finalmente me he decidido por esta última. El humor casquivano de este director siempre me ha sorprendido a bien. Y con humor,me tomé hoy que mi cabeza luce con un rapado al 1 que sobrellevo bastante bien. Verán, desde ayer (se cumplió la profecía), se me ha empezado a caer el poco pelo que me quedaba. Lo ha hecho con nocturnidad y alevosía. Al levantarme esta mañana, la almohada daba señales en esa dirección. Luego, al frotarme con las manos, algunos otros pelos cayeron sin piedad en el lavabo. Así que, después de acudir al hospital para hacerme la analítica correspondiente (todo correcto, mañana me dan la segunda quimio), me escapé a la peluquería de marras y haciendo acopio de valor, afronté el paso de la cuchilla sobre la cabeza. La sinceridad de un espejo es apabullante. Mientras , decía adios a mis escasos pelos. Ahorrénse ceremonias.
El marido de la peluquera
23 diciembre 2009
En este afán por poner nombres de películas a mis post (mi cinefilia me delata), creo que el título ‘El marido de la peluquera’, puede dar el pego en esta ocasión (no crean que no es complicado a veces encontrar el que más se adecúe a lo que me interesa contar), aún así no desfallezco, y aquí estoy dándoles vueltas al majín. Esta vez, lo reconozco, ha sido facil.
Verán, ayer tenía cita con mi peluquera (no con el marido, tiene novio), para raparme el pelo. Ya ven, algo por lo que tenemos que pasar algunos de nosotros cuando comenzamos con la quimio. Ya sé que algunos dirán que no hay porqué rapárselo. -A veces no se cae. (En mi caso, se cae. Los fármacos que me administran, una combinación de Adriamicina y Ciclofosfamida, lo que vulgarmente se conoce como AC, tienen la culpa).
-Se te comenzará a caer a los catorce días. Y contando he estado desde que me puse la primera dosis.-No puedo verme como se empiezan a caer los mechones. Así que me dije: -Me lo rapo. Mientras,mi familia presionaba para que no lo hiciera y yo, en un mar de dudas. Verme con la cabeza rapada no me gusta nada. Detesto recordar a los pocos prisioneros que fueron liberados de los campos nazis, famélicos y sin pelo, una imagen que se me viene a la cabeza más de una vez.
Venció mis temores, y al salir de la peluquería, mi pelo seguía conmigo. Más cortito eso sí. Hoy, se cumple el fatídico día 14, y me siguen acompañando. Probablemente en estos próximos, se caiga. Será una amarga espera.

