El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas
10 abril 2010
En esta larga travesía en la que desconcemos si saldremos inmunes o, por siempre, ‘tocados’ por el cáncer, se experimentan todo tipo de emociones y sentimientos. Ayer, precisamente, hice mi número 11 de sesiones de radioterapia. A mí, que siempre me he sentido atraída por la ‘radio’, ahora más que nunca, veo el poder que puede llegar a poseer.
Marie Curie (1867-1934) se atrevió a hablar abiertamente sobre los efectos de la radioactividad. Fue, a través de sus estudios y ensayos, con los que los rayos X y gamma, entre otros, salieron a la luz.
Ahora, éstos, colisionan en mi cuerpo sin piedad, todos los días, por espacio de unos cinco minutos. Me tiendo en una camilla y la máquina me espera. A veces se hace la remolona (por fortuna, sigue realizando su trabajo), y, mientras desde fuera, desde un ordenador, un dedo apuntador arranca el espectáculo. La ‘tostadora’ (como se le llama coloquialmente) se mueve de izquierda a derecha, no sin haber ‘descargado’ su arsenal completo.
Yo, inmóvil total, espero la voz del ‘más allá’ con la orden precisa de que baje el brazo. Lo hago, y tras un rutinario ‘vale’, me siento aliviada. Por hoy, de nuevo, ha terminado. Sólo me quedan otras diez sesiones para completar el tratamiento, pero se me empiezan a hacer cuesta arriba.
Como me ha venido ocurriendo desde que me enfrento a la enfermedad, tengo fuerza suficiente para emprender cada nuevo proceso, me pasó cuando me operé, cuando comencé la quimioterapia y con la ‘radio’, sin embargo, a veces, me domina el desaliento. ¿Y si todo este esfuerzo es en vano?. En esos momentos, me hago de valor y me digo que habrá que seguir adelante, eso es lo que merece la pena, de los resultados, pues, al tiempo.
Días de radio
23 marzo 2010
En la película de Woody Allen (Radio Days. 1987), el director norteamericano rememora nostálgicamente sus años ‘mozos’ vividos durante la década de los cuarenta, en los que la magia de la radio hacía milagros. Yo espero encontrarla tras mis sesiones de radioterapia, que comienzo mañana. No sé si será cosa de magia pero confío en que el tratamiento sea suficiente para alejar cualquier célula tumoral al uso, más si cabe ahora, cuando minutos y horas quiero aprovecharlos al máximo.
La sombra de la duda
15 marzo 2010

He estado dudando estos días. Después de pasar por la temida quimioterapia, luego de tomar aire y respirar a fondo, piensas si el gran combate, aquel que se presentaba despiadado y cruel, con órdenes precisas para el exterminio celular, no ha logrado sus ansiados objetivos. La batalla final, ardua y extenuante, podría no terminar con la victoria. Reflexión que me hago incensantemente después de que lo más dificil del camino, al parecer, ya ha pasado. Suele suceder que cuando el peligro ha desaparecido, el temor te sigue acompañando.
La semana próxima comenzaré con las 21 sesiones de radioterapia, ¿más cerca ya de la total recuperación?. En la última visita al oncólogo, (serán revisiones trimestrales), no escuché: usted ya no tiene cáncer. El cáncer de mama, al igual que el resto, no es de usar y tirar, no tiene fecha de caducidad. Volvió a recordarme el médico que el pronóstico era bueno pero no la edad (42 años), y que las recidivas (recaídas) no hay que descartarlas. Eso es lo que más me atemoriza, mucho más que haber pasado por un diagnóstico, por cuatro indeseables sesiones de quimio (y las de radioterapia que me quedan), que te bombardeen el vientre con inyecciones (ya me he puesto la primera) y una pastilla de duración casi interminable. Todo es poco con la desazón de no saber si volverá. Pero el guerrero siempre es valiente, lucha hasta el final.
Dedicado a Joan Manuel Serrat

