La carta
14 diciembre 2009
Hace una semana, en el buzón, entre la publicidad aplastante, sobresaliendo por la ranura, encontré una carta oficial. Sí, no es la habitual de facturas múltiples: agua, luz, teléfono…, (las de amigos y familiares, ya no se estilan), la remitía el Gobierno, para más señas, el Ministerio de Trabajo. Me temí lo peor. -Ya está, me van a decir que vuelva al curro- Eso, o que me dejen sin cobrar la prestación por baja médica. Pero, lo peor, no era eso. Lo más preocupante es que la fecha de la revisión médica obligatoria ya había pasado. Sí, la carta me citaba para tres días antes. -No puede ser, otra vez, el cartero ha fallado-. Y es que, tener el bloque donde vives en una esquina de la calle, con una rotonda en medio y una circunvalación a tus espaldas, puede dar lugar a equívocos, sobre todo cuando el que reparte no está muy puesto en el maremagnum de nomenclaturas que tiene la calle. Después del serio disgusto, me hice de valor y llamé a la inspección médica. Tras las disculpas oportunas, benévolamente, me volvieron a citar para hoy lunes. Hasta allí fuí con un frío de aúpa y casi sin ganas, (se lo achaco al resfriado que empieza a hacer de las suyas). La médica en cuestión me miró, me preguntó en qué trabajo, y me pidió todos los informes, (los de baja no se los saltó, por supuesto). Me esmeré en mostrárselos. Los había dispuesto con un orden especial, interesadamente, buscando el efecto final, el último, el del oncólogo, para acallar cualquier duda. Me volvió a mirar, después de teclear infinitamente en el ordenador: -Qué haya mejoría. Y eso fue todo. Luego, oí que llamaba al siguiente.
