Cara a cara

21 enero 2010

Me ha costado trabajo encontrar un título para este post. Al final me he decantado por una de Bergman. El director sueco plasmó la fragilidad humana como pocos. Estando en quimioterapia, frente a frente (no tenemos boxes separadores), las miradas se cruzan sin timidez alguna, de forma desnuda. Plantan su rostro en el tuyo, al principio, casi de soslayo, luego, al paso de los minutos, ya hay poco que enmascarar. Y, en mi caso, la verdad aparece desnuda, casi cruel a veces. Pocos son los que ocultan su miedo, porque tener cáncer es acojonante sin duda. Lo sabemos todos los que lo padecemos. Se intenta sobrellevar pero cuesta. Entrar en la sala de quimio es pertubador, el sillíon gris para soportar mejor el mal trago de un pinchazo mal dado, un líquido intravenoso que a veces duele, y lo amargo de contemplar como pasan las horas pues es la única opción que te queda si quieres superar la enfermedad. Así me lo planteo y con este ánimo me enfrento a la máquina, pero a veces, la realidad es dura. Ayer, precisamente, una chica lo pasó francamente mal durante la sesión. Y mientras médico y enfermeros se afanaban en atenderla, yo miré al resto. Algunos seguían leyendo, pero sus rostros no podían disimular la sensación de estar en la cuerda floja…¿me pasará a mí?

El marido de la peluquera

23 diciembre 2009

En este afán por poner nombres de películas a mis post (mi cinefilia me delata), creo que el título ‘El marido de la peluquera’, puede dar el pego en esta ocasión (no crean que no es complicado a veces encontrar el que más se adecúe a lo que me interesa contar), aún así no desfallezco, y aquí estoy dándoles vueltas al majín. Esta vez, lo reconozco, ha sido facil.

Verán, ayer tenía cita con mi peluquera (no con el marido, tiene novio), para raparme el pelo. Ya ven, algo por lo que tenemos que pasar algunos de nosotros cuando comenzamos con la quimio. Ya sé que algunos dirán que no hay porqué rapárselo. -A veces no se cae. (En mi caso, se cae. Los fármacos que me administran, una combinación de Adriamicina y Ciclofosfamida, lo que vulgarmente se conoce como AC, tienen la culpa).

 -Se te comenzará a caer a los catorce días. Y contando he estado desde que me puse la primera dosis.-No puedo verme como se empiezan a caer los mechones. Así que me dije: -Me lo rapo. Mientras,mi familia presionaba para que no lo hiciera y yo, en un mar de dudas. Verme con la cabeza rapada no me gusta nada.  Detesto recordar a los pocos prisioneros que fueron liberados de los campos nazis, famélicos y sin pelo, una imagen que se me viene a la cabeza más de una vez.

Venció mis temores, y al salir de la peluquería, mi pelo seguía conmigo. Más cortito eso sí. Hoy, se cumple el fatídico día 14, y me siguen acompañando. Probablemente en estos próximos, se caiga. Será una amarga espera.

Con faldas y a lo loco

10 diciembre 2009

El título del post (Some like it hot). Billy Wilder.1959, no podía ser más expresivo. Después de un día de tratamiento por la temida quimioterapia, la verdad es que me encuentro perfectamente. Ni rastro de los temidos vómitos, náuseas, dolor articular, lagrimeo…en fin, toda la ristra de ‘calamidades’ añadidas a combatir al intruso. Eso sí, me dolía algo la cabeza, pero lo relaciono a la tensión acumulada durante estos últimos días (pensando y requetepensando, ya podréis imaginar qué). De todas formas, albergo una ligera sospecha de que lo peor aún no ha llegado.

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